Amsterdam, Paris, Venecia o praga.
No es la historia de una película, ni una guía de viajes. Era la pregunta que se hacía una chica normal como tantas otras.
La dije que si quería olvidar que se fuera a Amsterdam, una ciudad triste pero bonita.
Una ciudad que  puedes dejar todos los problemas plantados sobre tierra, que en primavera ya crecerán flores y conseguirá que te quedes en los colores de sus flores, en los campos de tulipanes y en la velocidad cada vez que coges una bici. En los molinos que pasean suavemente con el viento, como si bailarán.
En las tiendas características que sólo Ámsterdam tiene y en sus típicas galletas que te dulcificaran un poco más la vida.
La ciudad en la que todo es posible. Da igual como seas, lo que hagas, siempre podrás ir a tu manera. Pasear por los canales sin prejuicio alguno. Cenar en cualquier garito lleno de guiris. Saborear una nueva ciudad
Paris, no es lo mismo sin Disneyland. Podrás recuperar el niño que tenías dentro, ser feliz por un instante dejándote ilusionar. Bailar con mickey y correr  el conejo del país de las maravillas porque no llegáis a tiempo a un nuevo mundo. Si quieres empezar vete a Disney land.
Pero si de amor te quieres salvar, Venecia te enamorara.
Y es que hay veces que las personas son importantes pero.... Venecia te robará el corazón, sus canales, su gente, sus góndolas y el acento italiano no podrá con ningún corazón por muy de piedra que sea.
Suave, bonito y un lugar que siempre recordarás.
La magia de sus puentes, la magia de sus calles, un muy buen lugar.
Praga, uno de los países más bonitos del mundo. Un susurro a la belleza, un lugar del que aprender. Un lugar en el que soñar. En el que disfrutar de la belleza. En el que pasear una vez más.

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